26 de novembre 2016

L’ÚLTIM REVOLUCIONARI



Ha mort Fidel Castro, l’home que va creure i escampar els ideals de la fraternitat i revolució. Va deslliurar a Cuba de la dictadura mafiosa de Batista i va portar la dignitat al poble. Va ser capaç d’enfrontar-se a l’imperialisme dels USA que havia convertit als països del centre i el sud d’Amèrica en el seu pati del darrera, entronitzant i armant dictadors que esclafaven qualsevol idea d’igualtat i llibertat. Castro, a partir del triomf de la Revolució a Cuba va abocar alenades d’esperança que van arribar a les classes populars, empobrides pel capitalisme, i que els hi van donar les idees, la força i la dignitat que els van permetre  lluitar per la seva llibertat a la selva, a la muntanya, a les ciutats i al camp de tot Amèrica. Va ser l’únic que va “exportar” per tots els pobles empobrits professionals de la medicina i de l’ensenyament, no només a Amèrica sinó també a l’Àfrica. I a canvi de res, bé, a canvi de tornar la dignitat als més desfavorits.
No vull deixar de banda les llums i ombres del seu llegat i de la seva pràctica política. Però si fem un exercici amb la mirada elevada, abandonant l’estúpid vol gallinaci dels reaccionaris, ens adonarem que  Cuba és el país que manté un ensenyament i una sanitat gratuïtes i de qualitat. La dignitat del poble cubà, la seva fortalesa, l’orgull de país que s’ha enfrontat al capitalisme depredador amb les armes de la solidaritat, és infinitament superior a les mancances de llibertat democràtica que han patit. Els pobles del seu entorn gaudeixen d’una democràcia formal però viuen empobrits i sense esperança.
Viva Fidel!!
Viva Cuba!!!
Viva la Revolución!!

18 d’agost 2016

REFLEXIÓN DE VERANO

http://cat.elpais.com/cat/2016/08/17/catalunya/1471458038_421869.html



Las vacaciones de verano son un periodo dedicado al relax, a las lecturas fáciles y a olvidar por unos días la dura, y a la vez maravillosa, vida diaria del resto del año. Voy a romper con esta filosofía y les voy a proponer una reflexión pesimista de la realidad, sin concesiones, esperando que no me lo tengan en cuenta y que no les amargue el último tramo de felicidad planificada.
Vivimos en un planeta finito y avanzamos cada día para que éste final sea más próximo. Los niveles de consumo y de crecimiento incontrolado provocan una elevada contaminación al mismo tiempo que vamos depredando los recursos naturales del planeta. El petróleo se agota y no se vislumbra ninguna alternativa energética, el cambio climático y su consecuente elevación de las temperaturas aumenta la desertificación y la falta de agua para el cultivo y el consumo humano.
Estamos convencidos que la tecnología solucionará todos los problemas que nosotros mismos nos creamos y que nos salvará de la destrucción del planeta. La robotización va dejando a muchas personas sin empleo y sin alternativas de vida dignas.
Ante esta alarmante situación poco se habla de las soluciones, los cambios necesarios y las alternativas posibles. Pocos hablan del decrecimiento o de la economía estacionaria, casi nadie pone sobre la mesa la necesidad de repartir el trabajo para que trabaje más gente y que éste no será el único medio de sustento vital. Hace falta pensar la manera de impulsar una renta básica para satisfacer las necesidades mínimas de todo ser humano.
El racismo, la xenofobia y el autoritarismo político se abren camino por todo el mundo y en concreto en Europa. Una Europa fuertemente desigual donde los gobiernos autoritarios, entronizados democráticamente, se van esparciendo por la UE. Es espeluznante leer el cómic de François Durpaire y Farid Boudjellal, titulado “La Presidente”, donde se muestra el hipotético ascenso democrático al poder de Marine le Pen en la Francia del 2017 aplicando su programa racista y populista y como éste afectaría a toda Europa. Una ficción de un realismo implacable.
Ante esta alarmante situación no veo una reacción social fuerte y hegemónica que denuncie que fenómenos de desigualdad, racismo y autoritarismo ya los hemos vivido en Europa y con consecuencias nefastas. La UE, con sus políticas neoliberales, hace más profunda la sima de las desigualdades económicas y sociales. No hay proyecto europeo sin una profunda democratización de sus instituciones y sin una visión política solidaria con nuestro entorno.
En España llevamos 8 meses con un gobierno en funciones. Eso quiere decir que durante este periodo las políticas de recortes, de involución democrática, de laminación de derechos sociales del PP han continuado. Al mismo tiempo no ha sido posible controlar en el Parlamento las políticas del gobierno ni los innumerables casos de corrupción de los miembros del PP. A pesar de todo, el PP vio refrendadas sus políticas y la oposición de izquierdas no ha podido crear una alternativa para apear del gobierno a la derecha más antisocial y corrupta que ha padecido España.
En Catalunya, los nacionalistas que gobiernan la Generalitat están tensionando a la sociedad hasta conseguir romperla. Nunca había visto en mi país las actitudes supremacistas, sectarias y xenófobas ejecutadas por un gobierno, por su televisión pública, por su prensa amiga y por entidades privadas, como l’ANC. Estos elementos fomentan el odio a todo aquel que no siga sus consignas independentistas. Los puentes que tanto costó construir en los inicios de la democracia entre pueblos diferentes, se están demoliendo uno a uno por un nacionalismo tronado que no tiene ningún proyecto de futuro viable que no sea el de romper el país para satisfacer su ideología separatista.
Esta reflexión veraniega no tiene la intención de entristecer sus vacaciones, ni que vuelvan al trabajo con una dosis superior de depresión de la normal. Solo pretende, y de forma muy humilde, que no nos conformemos con lo que hay. Ser conscientes de la realidad nos hace más fuertes para luchar contra ella, para cambiarla, para transformarla. Si nos dejamos ir, si no actuamos ya sabemos cuáles serán las consecuencias. La historia nos lo cuenta.
Joan Boada Masoliver
Profesor de Historia


27 de juliol 2016

IDENTIDAD Y TERRITORIO




Hace unos días leí un artículo de Javier Cercas en el dominical de El País donde, citando a George Orwell, afirmaba que “el nacionalista es indiferente a la realidad”. Estoy de acuerdo. Creen que su pueblo o nación es el escogido o, como mínimo, mejor que los otros. Forman una comunidad identidaria movida por una fe inquebrantable.
Uno cree que los nacionalistas han de apreciar su territorio, han de amar su paisaje, sus ríos, sus montañas, sus campos de cultivo, sus mares y sus bosques. La sorpresa es que su amor a su tierra es una cosa inmaterial, intangible. Ellos aman su identidad que se circunscribe en un territorio original que puede ser destrozado por sus decisiones.
El paisaje, las personas que forman parte de este territorio nacional está al servicio de la patria. Por eso, los nacionalistas que gobiernan en Catalunya  hacen sufrir a la ciudadanía con sus políticas de recortes sociales. Tampoco tienen ningún problema en destruir el paisaje, en desecar ríos y acuíferos o en contaminar el mar. La política medioambiental ha desparecido y con ella la Conselleria de Medio Ambiente. Les gusta hablar que quieren un país libre pero no les importa si es ambientalmente insostenible.
Para argumentar esta última afirmación podría hacer una lista larguísima de actuaciones sobre el territorio que han hecho los gobiernos de CiU y ahora con ERC. Voy a centrarme en dos actuaciones que encuentro ejemplares para ilustrar la introducción del artículo: Barcelona World en el Camp de Tarragona y la construcción de una autovía por el valle d’En Bas (Garrotxa, Girona).
La construcción de Barcelona World, en Salou, al lado de Port Aventura significa la creación de una ciudad de unos 15.000 habitantes sobre unos terrenos propiedad de Caixa Bank (que ya ha hecho su gran negocio con la recalificación de unos terrenos rústicos a urbanizables) alrededor de casinos y hoteles. Quieren hacer de esta zona una especie de ciudad del juego y de los negocios.
Utilizando el reclamo turístico de la Costa Daurada y de Port Aventura se podrán construir  alegres y luminosos casinos, como el que pretende construir la empresa estadounidense Melco, que en su país tiene vetada su licencia por cooperar con la mafia china. O como el que pretende construir el promotor del Casino de Peralada, asociado con la empresa Genting que opera en Malasia, donde el juego tiene una reputación de primer orden. Y para que esto funcione la mar de bien han bajado los impuestos y las tasas al sector del juego, del 55% al 10%, para que ayuden a la internacionalización de Catalunya.
El gobierno nacionalista afirma que se crearan miles de puestos de trabajo (dicen que entre 7 y 10 mil directos) y esto activara económicamente la zona. Mienten con el supuesto número de nuevos trabajos y callan con la calidad de los mismos. Un complejo como Port Aventura acoge a 1.500 trabajadores, los sueldos y las condiciones laborables del sector son indignas y el Camp de Tarragona continúa siendo una de las zonas con la tasa de paro más alta. El gobierno nacionalista ondea las banderas de la patria al mismo tiempo que hunde al territorio en el monocultivo turístico del juego.
En el otro extremo de Catalunya, mucha gente ha admirado el paisaje de la Vall d’en Bas, con la mirada majestuosa del Puigsacalm y el lento serpenteo del rio Fluvià después de caer en bonitas cascadas des de su nacimiento en el Collsacabra (Osona). Un valle de origen lacustre que ha generado uno de los suelos agrícolas más fértiles de Catalunya. En esta zona el gobierno nacionalista quiere construir una autovía de cuatro carriles que vaya desde Olot hasta la conexión con la carretera que va a Vic a través del nuevo túnel de Bracons. Esto significará la destrucción definitiva de un paisaje único y se romperá el equilibrio que se mantenía entre el sector agrícola, turístico e industrial. Se priorizará llegar unos minutos antes a cambio de destruir el valle. Ganará la estupidez.
Los nacionalistas apoyan la infraestructura, los empresarios -mayormente del sector cárnico y del asfalto- están de acuerdo. Muchos de ellos colaboran económicamente con la ANC y son considerados grandes patriotas.
Para los nacionalistas la identidad es intocable pero para llegar a su Ítaca no les importa destruir la belleza que hace feliz a muchas personas. Todo por la patria.
Joan Boada Masoliver
Profesor de Historia